Un submarino nuclear y algunos barcos rusos están en La Habana

por Aniello Fasano

El 12 de junio atracó en el puerto de La Habana el grupo naval ruso compuesto por la fragata “Almirante Gorshkov”, el submarino de misiles balísticos de propulsión nuclear “Kazan” y otros dos buques de apoyo logístico. El Ministerio de Defensa ruso precisó que se trata de un ejercicio de entrenamiento en el océano Atlántico con "armas misilísticas de alta precisión" y que las dos unidades deberán permanecer en la zona hasta el 17 de junio.

fuente AlJazeera

La llegada de los barcos rusos coincidió con una conversación telefónica entre el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, durante el cual el jefe de la diplomacia rusa elogió la posición “objetivo y coherente“de Cuba sobre el conflicto en Ucrania y aseguró que Moscú”seguirá llevando ayuda humanitaria a los amigos cubanos, frente a los desastres naturales, los contagios de Covid y los efectos claramente negativos provocados por el embargo impuesto por Estados Unidos”, según la agencia de noticias rusa Tass. Los analistas tienen una opinión completamente diferente, destacando que la llegada de la flota rusa sería una clara demostración de fuerza llevada a cabo cerca del territorio estadounidense, tras una mayor erosión de las relaciones diplomáticas entre las dos superpotencias. 

Sin embargo, el jueves el Comando Sur de Estados Unidos dijo que el submarino de ataque de propulsión nuclear estadounidense, USS “Helena”, había llegado a la base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, para una visita al puerto de rutina.como estaba planeado previamente”. El Ministerio de Asuntos Exteriores en La Habana, aunque confirmó que había sido informado de la llegada del submarino estadounidense, no parece haberlo apreciado especialmente. Unas horas más tarde, también lo hizo el patrullero canadiense. “Margaret Brooke”hrealizó su ingreso al puerto de la capital cubana en lo que definió el Comando Conjunto de Operaciones de Canadá “una visita al puerto […] en reconocimiento a la relación bilateral de larga data entre Canadá y Cuba”. 

Cubanos y turistas observan con inquietud y curiosidad al Kazán, ese submarino tan negro y oscuro, que para muchosParece una ballena muerta”. Las visitas están prohibidas, aunque algunos esperan poder ver al menos uno de los cuatro barcos rusos. Cuando llegó la flota naval rusa el martes pasado, un escalofrío recorrió mi espalda. Una demostración de la capacidad de Rusia para operar en el patio trasero de Estados Unidos justo cuando el presidente estadounidense firmaba un pacto de seguridad de diez años con Ucrania. Me vienen a la mente aquellos horrendos espectros de la famosa crisis de los misiles de 1962, que enfrentó a los Estados Unidos de John F. Kennedy con la Unión Soviética de Nikita Khrushchev. La isla de Cuba vuelve a ser el escenario del conflicto entre Moscú y Washington, aunque en tonos decididamente menos drásticos que los de la Guerra Fría.

La Unión Soviética fue el partidario más acérrimo de los Castro. Muchos cubanos estudiaron en la Unión Soviética y muchos otros hablan ruso. Por eso a los ojos de muchos esta operación parece un reconocimiento a la amistad entre las dos naciones. Aunque el dinero soviético se agotó después de 1989, comenzó a fluir nuevamente a medida que aumentaron las tensiones relacionadas con la guerra en Ucrania. Cuba siempre se ha mantenido neutral con respecto a esta guerra, pero últimamente el gobierno cubano se ha vuelto más favorable a Moscú. La crisis económica que aflige a la isla caribeña, el envejecimiento de las infraestructuras y la falta de combustible provocan continuos disturbios. Al reunirse con Vladimir Putin en Moscú en mayo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel dijo: “Le deseamos a usted y a la Federación de Rusia éxito en la realización de la operación militar especial.“. Así resurgen esos horribles fantasmas enterrados por Barack Obama en 2016 con su visita a La Habana. El posterior enfriamiento de las relaciones entre ambos Estados acercó a Rusia, que parece haber aprovechado esta pausa en las relaciones entre La Habana y Washington, para volver a ser un actor importante, no sólo pasivo, sino también activo, en la evolución contemporánea de Cuba. 

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